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"Atahualpa Yupanqui - Este largo camino", libro compilado, editado y escrito por Pintos, presenta las Memorias del folklorista, el más importante de la historia en la Argentina y uno de los más reconocidos músicos populares del mundo.
Este trabajo incluye los textos que Yupanqui había comenzado
a escribir a manera de “Memorias” para un libro que quedó inconcluso, junto a
monólogos, charlas, entrevistas y autoentrevistas que fueron compilados y
editados por Pintos.
Publicado por Editorial Cántaro en el comienzo de abril de 2008, este libro incluye un CD con las míticas seis primeras
grabaciones realizadas no profesionalmente por Yupanqui en 1936 a instancias de una
agrupación tradicionalista de Rosario, y que fueron publicadas por única vez en
discos de pasta, en ese año, para ser regaladas en los almacenes de ramos
generales a los compradores de una cierta cantidad de paquetes de yerba de la época,
“Néctar”.
El prólogo de esta obra, escrito por Pintos, es el siguiente:
Prólogo
Como se hacía antes, prolijo y formal,
comenzó por la portada y puso: “Atahualpa Yupanqui - Este largo camino –
Memorias”. Y luego, con esa máquina de escribir portátil que lo acompañaba,
comenzó a encadenar recuerdos en apuntes que creía que debían quedar contados
en un libro.
Durante meses, a fines de los años 70,
Atahualpa Yupanqui tipió historias, anécdotas y semblanzas de su pasado. Pero
la tarea quedó inconclusa. Cuestiones diversas, algunas relacionadas con su
trabajo y otras personales, le hicieron abandonar el intento. Y allí quedó el
texto, dormido en una carpeta, entre tantos otros papeles con poemas, letras de
canciones que nunca llegaron a tener música, escritos, pensamientos y cartas.
Hace diez años tomé contacto con la
herencia de Atahualpa Yupanqui para concretar la edición de una maravillosa
grabación hecha por Osqui Amante en 1983, durante un concierto que el más
grande folklorista de la Argentina celebró en Mar del Plata. El disco, que se
llamó “buenas noches... compatriotas”, fue la primera producción realizada en
Estudio del Arco de León Gieco. El mismo León prologó esa edición con sentidas
palabras que, creo, merecen ser revisitadas. “Atahualpa Yupanqui es un mega”,
puso. “Un enorme depósito de poesía, de información, de contenido, de música,
de silencio, de misterios”.
En los días en que trabajábamos la
publicación de ese CD, Roberto Chavero, el Coya, hijo menor de Yupanqui, me
mostró una decena de cajas que tenía en su archivo, con cartas que su padre le
había enviado a su madre, durante los casi 50 años que compartieron hasta que
la muerte los separó. Ese tesoro me fue confiado y llegó a ser un libro que se
publicó en febrero de 2001 como “Atahualpa Yupanqui – Cartas a Nenette”. La
tarea me demandó seis meses de trabajo para el ordenamiento, la transcripción y
la compilación de las cartas –casi todas manuscritas-, que por gentileza de la
Fundación Atahualpa Yupanqui pude hacer en el mejor ámbito imaginable: la casa
de Cerro Colorado.
Recuerdo que una tarde de mucho calor en
el Cerro en que estaba trabajando con las cartas, el Coya me contó que había
reencontrado los textos que su padre escribió para sus Memorias, y en otro de
sus viajes –por entonces vivía en Buenos Aires, ahora volvió a su origen y está
radicado en Cerro Colorado-, me los dio. Algún día tenemos que hacer algo con
esto, me dijo. Eso fue hace ocho años.
Desde entonces los tenía. Los leí y releí
muchas veces, disfrutando del extraño privilegio de tener en mi casa –que ya no
está en Buenos Aires, sino en mi ciudad de origen, Olavarría- un libro –o una
parte de un libro- inédito de Atahualpa Yupanqui.
En la segunda mitad de 2007 sentí que
había llegado la hora de que esos escritos finalmente se hicieran públicos.
Acaso ése podría ser un buen regalo para don Atahualpa Yupanqui en este 2008 en
que está cumpliendo 100 años (Don Ata y todos los abuelos nunca mueren: en todo
caso se duermen, como dice la canción).
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Para llegar a este Memorias compartí esfuerzos,
disposición e intenciones con el Coya. Por su gestión, del archivo de la
Fundación que preside se me permitió extraer conversaciones, monólogos y
autoentrevistas grabadas por Yupanqui en los años 80, que transcribí y
seleccioné para obtener los textos que completan el libro que Yupanqui había
comenzado a escribir y quedó inconcluso.
El trabajo que demandó este rescate se
hizo en un tiempo adecuado. Quiero contar, aquí, de qué forma conseguí llegar a
esa certeza.
Otro de los trabajos relacionados con la
obra de Yupanqui que realicé en estos años fue una participación en el ciclo
documental para televisión “Los caminos de Atahualpa”, producido en 2007 por el
canal Encuentro que impulsa el Ministerio de Cultura y Educación. En uno de
esos envíos, aparece Yupanqui diciendo que el camino se compone de numerosas
llegadas y que sólo se disfruta adecuadamente haciéndolo a pie o a caballo, a
lo sumo. Con un viaje en ómnibus o en avión nada madura, dice. (Esas palabras,
recuperadas en forma completa, o sea sin la edición que se les hizo para el
veloz formato audiovisual de estos tiempos, están incluidas en este libro). Y
atendiendo el consejo, trabajé así este libro.
Es decir que no hice una transcripción y una
compilación livianas sino que avancé paso a paso, deteniéndome en cada piedra,
cada idea, cada árbol, cada atardecer.
Sugiero que su lectura también sea
respetuosa de ese tempo de sabio que Yupanqui tenía para escribir música y
poemas, exponer sus ideas y vivir.
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Agradezco al Coya y a su familia por la
confianza, a toda la buena gente que trabaja en la Fundación Atahualpa
Yupanqui, especialmente a Luciano Leonori y a Carlos González Quintana, a mis
hijos Victoria y Pedro que a medida que van creciendo entienden cada vez más
por qué su papá está tan interesado en la obra de Yupanqui, a Diana Mornhinweg que
es mi cable a tierra, a mis padres que siempre me acompañaron en el viaje, y sobre
todo a mi abuelo, el Tata, que se durmió en el 97 pero sigue estando, y que
como Yupanqui nació hace justo 100 años.
Víctor
Pintos
Olavarría,
en el comienzo de 2008.
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