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Adiós a Mercedes | Adiós a Mercedes |
| lunes, 05 de octubre de 2009 | ||||
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Invitado por el diario La Voz del Interior de Córdoba, Víctor Pintos escribió una nota especial sobre aspectos de su relación personal con esa gran mujer y excepcional cantante que fue Mercedes Sosa, fallecida ayer. El periodista mantuvo un contacto cercano con Sosa gracias a la generosidad de la artista desde 1982.
MERCEDES ÍNTIMA Por Víctor Pintos (especial)
Descubrí ese dato hace diez años, cuando me invitó a
escribir su biografía para el booklet de la edición mundial de su versión de
Aquella fue una de las tantas oportunidades de trascender
que me brindó con maravillosa generosidad. Como ligaron tanto León, Charly,
Víctor Heredia, Nito Mestre o Julia Zenko arriba de los escenarios, fui un
periodista privilegiado por su bondad para vivir muchas inolvidables
situaciones a su lado. Fiestas de cumpleaños en su casa, paseos en taxis por la
ciudad, sobremesas de confesiones y anécdotas en restaurantes de ciudades que
conocí gracias a sus invitaciones, y tardes en su living escuchando música y
relatos suyos de conmovedora trascendencia, como sus cruces con Joan Baez,
Luciano Pavarotti, Armando Tejada Gómez o Bono de U2.
A su lado viví la particularísima situación de admirar por
su descomunal talento a alguien que a la vez me brindaba su confianza de casi
amiga y su cariño de casi madre.
Me recibió en su casa de Carlos Pellegrini por primera vez
en el 81, la tarde siguiente a la noche en que había iniciado su ciclo de
conciertos del retorno en el Opera, los que quedaron grabados en el disco
“Mercedes Sosa en
Un chiste.
Entonces sonaba el teléfono de mi casa en San Telmo y la
escuchaba decir, en tono jocoso: -¿Habla Víctor Arturo…?
Tiempo después, supe que también tenía un secreto y desde ese
momento me animé a contestarle la broma.
–Ah, sí, cómo le va, Haydée Mercedes.
Ella se prendía en la chanza y la ampliaba:
-Víctor Arturo, aquí estoy con Fabián Ernesto, prepárese que
lo pasamos a buscar en 15 minutos.
(Fabián Ernesto es su hijo, que caía en la chanza sin
desagrado).
Así era Mercedes cuando estaba de buen humor.
También podía ser filosa y agresiva. “No te acerques a mí,
que te puedo lastimar”, cantaba y no sólo entonaba una letra de su amigo Charly
García: estaba hablando de sí misma.
Pero también podía ser dulcísima y cariñosa.
Y divertida. Me contó una vez que cuando luego de su tan
polémica actuación junto a Charly García en el festival de Cosquín del 97,
decenas de fanáticos los esperaron a la salida para expresarles su cariño y su
entusiasmo. “Se vinieron encima y nos movían el auto, y nosotros nos reíamos”,
me contó. “Ahí fue cuando le dije: -¡Viste Charly, parecemos Los Beatles!”.
Esa es la gran Mercedes Sosa que tantos aplaudimos y amamos,
y que pocos tuvimos la hermosa posibilidad de conocerla bien de cerca.
La más grande cantante que ha tenido nuestro país, hoy
quiero contarlo, era la mujer generosa que una vez, en el otoño del 94, me
llamó para decirme que la acompañara al estudio de Litto Nebbia porque iba a
cantar “Los mareados” con Goyeneche. Lo hizo sin saber que a este escuchador de
discos de rock y amante del folklore y del tango, le regalaba la histórica
posibilidad de ser el único periodista presente en la última sesión de
grabación del Polaco.
Hoy estoy en Córdoba y no en Buenos Aires cuando me llega la
noticia de que se marchó al silencio.
Y cuánto duele. Cuánto, querida y enorme Haydée Mercedes.
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