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Otra vez con el rock, por el prólogo para el libro de Ricardo Iorio | Otra vez con el rock, por el prólogo para el libro de Ricardo Iorio |
| domingo, 13 de abril de 2008 | ||
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"El perro cristiano" es el libro de Ariel Torres que recorre la vida y obra de Ricardo Iorio, líder de los grupos de rock pesado V8, Hermética y Almafuerte, y uno de los más carismáticos y controvertidos músicos de la escena de la música popular argentina. El prólogo fue escrito por Víctor Pintos.
![]() El prólogo de esta obra, que Pintos escribió por pedido de Torres, es el siguiente:
Pampa y toro
En el bar de una estación de servicio al borde de la ruta, en medio del cielo al revés, me reencuentro con Ricardo después de muchos años de no verlo. Es un mediodía de la primavera de 2007, él vuelve de un show de Almafuerte en el Gran Buenos Aires y en un rato seguirá camino a su casa en el campo, allá más al sur, cerca de Coronel Suárez. La ciudad más cercana a este lugar de paso es Olavarría, donde estoy viviendo después de más de 20 años de crecer y trabajar -y gozar y sufrir- en Buenos Aires. El y yo nos fuimos a tiempo, pienso ahora. La excusa de la reunión es este libro, que está casi terminado: fui invitado a escribir el prólogo y la única condición que había puesto para decir que sí o no era reunirme con él y ver qué sentía en la piel. Y he dicho que sí, ya se ve. Lo decisivo fue que este Iorio sigue sin enterarse que tiene estatura de leyenda viva para mucha gente, y que sigue mirando a los ojos, como los hombres más hombres que la pelean día a día en los campos que se ven al borde de la ruta a esta altura de la provincia de Buenos Aires, hombres de brazo clavado al surco, tierra y sudor.
Después nos vimos algunas veces más. No se cuántas. Vi conciertos suyos, escuché sus discos, me sorprendió el que hizo con Flavio, entendí como lógico que fuera uno de los invitados de León Gieco para cantar “El embudo”. Y hoy, cuando lo reencuentro en este bar, me parece natural estar hablando no tanto del rock, de guitarristas o de discos, sino de qué crudo es el invierno de por acá y de cuándo se aprende en la ruta de regreso a casa, mientras el auto va casi solo y la mente de uno se pierde en cualquier lado.
Iorio es también un hombre igual al que su público imagina que es, derecho y sin vueltas, categórico, de puño fuerte, y a la vez distinto en algunos aspectos a lo que el imaginario puede haber construido alrededor de su figura. Por ejemplo, es tierno hablando de sus hijas y de sus perros –que no son caniches que van a la peluquería, precisamente, sino majestuosos pit bulls-, y es mucho más tolerante con los distintos cuando la conversación viene en términos gratos y es respetuosa. Eso sí, tiene una forma tioca de expresarse. Dura podría decir, medio bestia también, pero no, la palabra es tioca. Aspera, tosca. Tioca. Así cuenta sus cosas y así escribe. Así canta.
Su mirada es afilada. Su lengua también. Y su corazón es así de grande. Se desborda muchas veces, como el de los animales. Por eso cae en exabruptos, ya sabemos. Pero bueno. No estoy de acuerdo con algunas cosas que piensa y dice, pero como va de frente, lo prefiero a tantos hipócritas que hacen hermosas declaraciones y después tienen gestos repugnantes.
Recomiendo su lectura con atención y desprejuicio.
Y también con unos huevos así de grandes. Víctor Pintos
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