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El diálogo de Pintos con la periodista Alejandra Córdoba tuvo lugar en la mañana siguiente a la presentación de sus libros sobre Atahualpa Yupanqui, y poco antes de que retornara a Olavarría, la ciudad en la que reside, y se publicó ayer.
La nota completa es la siguiente:
ENTREVISTA CON VÍCTOR PINTOS
Un hombre entre Yupanqui y Pappo
Cómo hace un hombre para ponerle letras a la memoria de otro,
convertirse de algún modo en las manos del que no está y escribir a
través de él.
Borges decía que es la puerta la que elige, no el hombre, y tal vez, de algún modo Atahualpa eligió a Pintos.
Pintos
se llama Víctor. Es morocho, de gesto amable, de risa fácil pero tiene
un rasgo que lo distingue: mira profundamente, directo a los ojos, como
buscando ver más allá. Mira preguntando. Será por que tal vez las
preguntas son parte de su vida, porque ha preguntado y se pregunta y,
seguramente, no dejará de preguntar nunca. Víctor es, sobre todo,
periodista.
Pasó por las redacciones de Expreso imaginario, Humor,
Página/12, entre otros destacados medios de alcance nacional, ha hecho
radio, producciones discográficas. Ha escrito libros. Sigue preguntando
y preguntándose.
Sus libros recientes son sobre Atahualpa
Yupanqui. Uno compila las correspondencia epistolar entre él y su
esposa "Cartas a Nennete" y el otro, "Ese largo camino. Memorias", se
mete de lleno en la memoria del poeta y compositor argentino.
"Yupanqui
me llegó casi con las primeras cosas", dijo mientras revolvía por
enésima vez su café. "Mi historia con Yupanqui empieza en Olavarría
cuando era chico, a través de mi abuelo con sus discos". Los
Chalchaleros, Los Fronterizos, Jaime Torres, Ariel Ramírez y también
Atahualpa Yupanqui eran parte de su universo musical. "Crecí
escuchando música folclórica y tango, lo que había en ese momento,
hasta que apareció el rock. El rock me llegó con la entrada al
secundario y a partir de ese momento me hice del rock. También vine a
pegar en el segundo año de la secundaria el primer disco Sui Generis,
soy generación Sui Generis al palo, pero siempre siguió el folclore en
mí".
"Me hice fan de una revista de rock que se llamaba Expreso
Imaginario, una revista gloriosa, yo era de los pocos que la compraban
en Olavarría. Una vez Expreso Imaginario -que era la revista en la que
yo soñaba alguna vez escribir, que era así como jugar en Boca- puso a
Atahualpa Yupanqui en tapa. Fue una confirmación que las cosas tenían
que ver, que no había una contradicción, que te podía gustar Charly
García, Bob Dylan y Atahualpa Yupanqui".
Pintos cree que en su vida
se dieron una serie de acontecimientos, fortuitos -podríamos decir- que
terminaron llevándolo a Buenos Aires. "Conseguí escribir en el Expreso
Imaginario. Quien me empujó a irme y me ayudó a desembarcar y con quien
terminé haciendo muchísimas cosas, es un músico que conocí estando en
Olavarría cuando yo era muy chico y él también, que es León Gieco -otra
conexión entre el folclore y el rock-. Crecí junto a Gieco y cuando él
estaba poniendo en marcha el proyecto de su estudio de grabación éramos
tres personas: el técnico de grabación, León y yo. Lo primero que
hicimos fue procesar una cinta en vivo de Atahualpa Yupanqui que tenía
el técnico, Osqui Amante. La había grabado en 1983. Era
increíble pero no había un disco en vivo de Yupanqui en Argentina.
Produje ese disco y conocí al hijo de Yupanqui". El
"Coya", como llamaba Atahualpa, el único hijo del músico.
Al tomar
contacto con el hombre se encontró con todo el patrimonio cultural de
Yupanqui. "Cuando me empezó a mostrar cosas, cartas, a los quince
minutos empecé a preguntarle: Coya, ¿qué vas a hacer con ésto? Y él confió
en mí, me confió un tesoro: las cartas de su papá a su mamá. Eran cinco
mil y pico de cartas desordenadas", que más tarde fueron parte del
libro "Cartas a Nennete".
Su relación con el "Coya" le permitió
producir en Argentina los discos que Atahualpa había grabado en
Francia. Aunque parezca mentira, tampoco existían y la cuestión no
tiene explicación o será como dice Pintos "a nadie se le había
ocurrido".
En los últimos años Pintos no sólo ha ahondado en el
mundo de Atahualpa sino en "sesenta mil cosas más", como él dice. Hizo
las ediciones discográficas definitivas de la obra completa de Aníbal
Troilo y de Roberto Goyeneche; hizo la discografía original de Los
Chalchaleros. "Uno se pregunta ¿cómo a nadie se le ocurrió trabajar con
la obra de Aníbal Troilo? No sé, la verdad no sé, pero es un groso
Troilo. A nadie se le ha ocurrido hacer una película con él. Imaginate
-dice y se entusiasma-, una película hecha en Argentina, sobre el tango,
con un gordito querible, gran músico, que toca el bandoneón, director
de una orquesta, amante de los caballos, de la timba, de las mujeres,
del chupi, personaje, calavera total, al que lo quieren todos; que
tiene un amigo cantor que es igual a él, que salían una noche y volvían
a los tres días. Un personaje así es un personaje de una película. La
gente saldría del cine amando a Troilo. Además, es gran un negocio",
comenta y bebe un sorbito breve de café para seguir hablando.
A uno
le da por pensar que tal vez los argentinos tendemos a mirar y admirar
para afuera y no terminar de conocer o reconocer, del todo, a los de
adentro.
Pintos tiene experiencia en esto de mirar para donde otros
no, él indagó en el mundo de Tanguito. "Buscaba data sobre él y no
había nada. Cuando me fui a Buenos Aires y entré en el Expreso quise
investigar de verdad a Tanguito, el autor del primer éxito del rock,
una leyenda". Surgió así una nota periodística que fue tapa "en la edición del Expreso que más se vendió en toda la historia. Eso
hizo que años después a un productor se le ocurriera hacer su película
debut y me llamó, nacieron el libro y la película".
Víctor sigue
mirando con ojos curiosos su entorno, todo y el mundo Yupanqui del que
casi ya es parte. Comenta el amor entre Paula Nenette Pepin y
Atahualpa. "Es otra película, una historia genial. Si aparece la guita
se hará, está hecho el guión, la productora, todo. Un director de cine
se interesó en los derechos cinematográficos del libro de las cartas y
trabajamos en el guión de la película que se va a llamar "Carta para
Nenette" y que es la historia de amor entre Yupanqui y su mujer, que es
anónima y tan grosa, la autora de la música de "Luna tucumana" es ella.
Parece ser que Nenette era muy culta, un personaje, que se bancó a otro
personaje. Por ejemplo, Yupanqui escribía desde París diciéndole a su
mujer cuánta presión le tenía que poner a las gomas del Citröen, era un
hinchapelotas. Han sido dos personajes, me contaba su hijo que ya
grandes se sentaban en la galería de la casa de Cerro Colorado, a la
tardecita juntaban unos silloncitos y leían en voz alta y después se
quedaban hablando de lo que habían leído… Si eso lo ponés en la
película, creen que no es cierto".
Da la impresión de que la historia
de amor entre Nenette y Atahualpa lo fascina, insiste en lo bello de la
cuestión, mira con sus ojos de preguntas que se le vuelven chiquitos y
se los imagina, seguramente, y opina que era casi lógico que tras la
muerte de uno el otro se fuera al poco tiempo.
"Dicen que el último
tiempo de Yupanqui sin Nenette fue tristísimo", contrariamente con lo
que pueda pasar no se potenciaron sus rasgos sino que "se volvió un ser
triste, solo, que no renegaba. Es increíble. Fue la tristeza
personificada".
Pero el cantor no fue sólo un hombre enamorado. Hizo
una vida de trotamundo, con lo que ello significa, la cuestión
política, él "adhirió al Partido Comunista (PC) durante el Peronismo,
lo persiguieron. Durante el primer gobierno peronista ser del PC era
bien bravo, él estaba en el PC. La famosa persecución de Yupanqui fue
breve, de unos tres años, pero la pasó mal, estuvo preso y ahí fue
donde se refugió en el Cerro".
Pintos habla de Yupanqui con
naturalidad, aporta detalles cuenta anécdotas, historias, se ilumina,
se entusiasma. Ha logrado conocer tanto al hombre que se me ocurre
podría saber qué pensaba. El hecho de indagar en sus papeles, saber
cosas contadas por el "Coya" hace la charla se extienda, sea
entretenida y que, contemporáneos al fin, nos demos cuenta hasta dónde
no vemos lo grande que fue Yupanqui, el poeta sutil, el cantor de paso,
el hombre de a caballo, el renegado, el humilde, el padre, el amigo de
Lorca y de tantos gauchos ignotos. El hombre. El hombre inmortal por su
obra.
Pintos habla con serenidad, comparte su desayuno con nosotros
y proyecta. Cuenta que no ha ganado dinero, al menos no mucho, pero que
lo que tiene le alcanza para vivir y se le escapa el gusto que siente
por lo que hace. Se ríe y cuenta que ahorrará para comprar una
notebook.
Escribió en Humor, en Página y está en el San Carlos
conversando con nosotros. "Creo que una de las claves de haber podido
hacer todo ésto es no habérmela creído nunca y seguir siendo un tipo de
Olavarría al que le estaban pasando cosas grosas. Ahora miro para atrás
y estoy re orgulloso pero sigo tratando de hacer cosas que sumen. Por
ahí tuve la posibilidad de ver cosas antes que otra gente y además he
tenido mucha suerte. Sigo tratando de no meter la pata y corresponder
con la buena suerte que he tenido, porque que se encadene todo tanto,
que haya sido Gieco el tipo que conocí en Olavarría en el año 78, que
haya sido quien me llevó a Buenos Aires y que haya terminado siendo
quien es. Es mucho. Seis años después de conocer a León fui parte del equipo
de Usuhuaia a La Quiaca, fui parte de la Redacción del Expreso
Imaginario, en los ochenta escribí en Humor, en los noventa en Página y
después hice las memorias de Yupanqui…". No termina la frase pero la deja
picando y enseguida sale con otra idea. "Tengo a León en la mira,
quiero corresponder con que él en algún momento haya confiado en mí".
Ahora
está radicado en Olavarría y sigue trabajando, la tecnología permite
ese ´lujito´ para Víctor, que sigue pensando en hacer cosas y anda
hilvanando letras para otro gran desafío: la biografía de Pappo.
El
hace una conexión entre Yupanqui y Pappo: "los dos eran folcloristas,
Pappo era un tanguero de La Paternal, hijo de italianos que tocaba
blues, y Atahualpa era un tipo que tocaba milongas, que son el blues de
América del Sur. Son dos folcloristas. A esta altura no se puede dejar
de reconocer que el rock argentino es parte del folclore. Pappo es de
acá, llegó a tocar en Estados Unidos porque era muy bueno, pero la
música que hacía era muy de acá, como la de Charly García o la de
Spinetta".
Pintos también es de acá, escribió el libro de Yupanqui
como sólo podría hacerlo alguien de acá, habla como alguien de acá e
insiste que es un tipo con suerte, que tuvo la oportunidad de conocer
gente y estuvo en el lugar justo en el momento justo. No sé qué diría
Yupanqui pero sigo pensando que Borges tiene razón: la puerta eligió,
no el hombre, y puso sus dedos en las teclas de una computadora para
que los dedos guitarreros de Atahualpa escribieran sus memorias y que
hará lo mismo con Pappo y con tantos otros que descubrirá mirando la
vida con ojos de periodista inquieto.
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